INGENIERÍA SOCIAL: CONVIVENCIA
Villa Agradable: una metáfora de la división social
Imaginemos que el mundo es una casa. Llamemos a esta casa Villa Agradable. En ella viven cinco niños y cinco niñas, diez pequeños que se llevan bien. Se respetan, juegan juntos y han crecido sin padres, libres de prejuicios y creencias. No conocen reglas impuestas, y su convivencia es armoniosa.
Un día, unos adultos descubren la casa y deciden que los niños deben seguir ciertas normas: unos deben hacer la cama, otros barrer y fregar, otros cocinar, lavar la ropa o mantener el orden. No les tiene que gustar su tarea, solo cumplirla para que todo funcione bien. Aunque esto implica una manipulación, la convivencia sigue sin conflictos. Cada niño cumple su rol y la armonía se mantiene, al menos por un tiempo.
Sin embargo, otros adultos llegan y traen con ellos sus religiones. Les hablan de dioses, creencias y milagros. Siete niños se adhieren a diferentes religiones: dos se vuelven judíos, dos musulmanes, dos cristianos y uno elige una religión minoritaria. Los otros tres adoptan posturas diferentes: uno es ateo, otro agnóstico, y el último no sigue ninguna creencia.
De repente, los niños comienzan a enfrentarse debido a sus diferencias religiosas. Lo que antes era una casa unida se convierte en un espacio de tensión. Ahora, las afinidades entre ellos están determinadas por sus creencias.
Más tarde, llegan otros adultos y les introducen en la política. Les enseñan sobre ideologías: izquierda, derecha, liberalismo, socialismo, comunismo. Tres niños adoptan posturas de derecha, tres de izquierda, tres se identifican como moderados, y uno decide no seguir ninguna ideología. Las antiguas alianzas basadas en la religión se fracturan debido a las nuevas divisiones políticas.
Como si fuera poco, un hombre trae televisores, ordenadores y teléfonos, lo que desconecta aún más a los niños. En lugar de jugar juntos, se aíslan cada vez más, atrapados en sus ideologías y distracciones tecnológicas.
Lo más sorprendente es que, a pesar de todo, la casa siempre está limpia y ordenada, pero los niños han dejado de preocuparse por lo verdaderamente importante: su convivencia.
Reflexión
Esta metáfora refleja cómo en la sociedad actual, las divisiones basadas en creencias religiosas, ideológicas y el aislamiento tecnológico desvían nuestra atención de uno de los aspectos más importantes de la vida: la convivencia. Al existir tantas creencias y opiniones, cada grupo cree poseer la verdad y busca imponerla, lo que genera una desconexión entre las personas. En lugar de enfocarnos en lo que nos une, nos concentramos en las diferencias, olvidando que, aunque todo parezca estar en orden superficialmente, la verdadera esencia de vivir en comunidad se pierde.
A menudo, la verdadera convivencia no se trata de eliminar las diferencias, sino de aprender a manejarlas con respeto y empatía. La convivencia genuina exige un esfuerzo consciente por comprender a los demás y encontrar puntos de conexión en medio de nuestras divergencias, creando así un espacio donde todos podamos coexistir de manera armoniosa.

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