El Mensaje a García: Obediencia

“El Mensaje a García” es más que una simple anécdota sobre un hombre diligente; es una metáfora sobre la capacidad humana de tomar la iniciativa y llevar a cabo una tarea sin excusas ni rodeos. Elbert Hubbard escribió el ensayo en 1899, contando la historia de un tal Rowan, quien fue encargado de entregar un mensaje al insurgente cubano García en plena guerra. Hubbard lo exaltaba como un símbolo de responsabilidad y eficiencia: alguien que, sin hacer preguntas innecesarias, simplemente cumplió con su misión. Este relato, que ha circulado como ejemplo de virtud laboral y personal, parece tener una moraleja clara: en un mundo lleno de evasiones y pretextos, necesitamos más personas como Rowan. Pero, ¿es realmente así de simple? La realidad nos enseña que no siempre es tan blanco y negro.

¿Es siempre bueno ser eficiente?

El encanto de “El Mensaje a García” radica en su simplicidad: cuando te encargan algo, lo haces. No preguntas por qué, no buscas excusas ni te enredas en detalles que podrían complicar el asunto. Este enfoque, en su esencia, tiene mérito. En cualquier entorno laboral, desde una cocina abarrotada hasta la dirección de una empresa, hay momentos en que la eficiencia es crucial. No siempre hay tiempo para detenerse a cuestionar o indagar, especialmente cuando el objetivo es claro y el tiempo apremia. Aquí, el mensaje es directo: ser resolutivo tiene valor, y las personas que pueden ejecutar sin depender de explicaciones continuas son valiosas.

Sin embargo, es importante reconocer que este tipo de actitud no siempre es aplicable, ni siquiera deseable en todos los contextos. En la vida diaria, la premisa de "simplemente hazlo" puede llevar a malas interpretaciones, a decisiones impulsivas o incluso a situaciones donde uno termina siendo manipulado.

La Ambigüedad del Mandato Ciego

Pensemos en un escenario completamente diferente. Imagina a un ingeniero en una planta de energía que recibe la orden de apagar un sistema sin más explicaciones. La primera reacción de alguien con mentalidad “Rowan” podría ser: "de acuerdo, lo hago sin preguntar". Pero en este caso, la falta de cuestionamiento podría ser peligrosa. Desconocer los detalles podría generar un error grave, con consecuencias que van más allá de lo personal. A veces, cuestionar no es una muestra de ineficiencia o rebeldía, sino de una genuina responsabilidad hacia el entorno y los otros.

Este es un buen momento para detenerse y analizar. En ambientes más complejos, como en campos de trabajo técnico o creativo, el simple hecho de cumplir una orden sin tener contexto puede resultar contraproducente. Las preguntas adecuadas, las aclaraciones pertinentes, no solo enriquecen el proceso, sino que pueden evitar desastres. Actuar por actuar, sin un entendimiento de las implicaciones, puede convertirnos en autómatas que siguen ciegamente instrucciones sin medir los resultados.

¿Cuándo Preguntar y Cuándo No?

Es aquí donde se pone interesante el dilema. Hay situaciones que sí exigen una actitud como la de Rowan, donde cuestionar cada detalle podría retrasar decisiones críticas. Pensemos en una operación médica de emergencia: cuando el cirujano dice "pásame el bisturí", el asistente no debe preguntar para qué ni dudar si es la herramienta correcta. La vida está en juego y las decisiones deben tomarse rápidamente. En este contexto, la premisa de Hubbard cobra sentido. Hay momentos donde el cuestionamiento es un lujo que no podemos darnos.

Por otro lado, imaginemos un escenario más cotidiano. Un joven en su primer empleo recibe la tarea de coordinar un proyecto sin haber recibido una formación adecuada ni un conocimiento claro del propósito de su labor. Siguiendo la filosofía de Rowan, podría lanzarse al vacío y empezar a trabajar sin aclaraciones, pensando que demostrar iniciativa es lo correcto. Sin embargo, la falta de preguntas lo llevará a cometer errores básicos que, de haberse detenido a indagar, podría haber evitado. En este caso, actuar sin preguntar no es virtud, es negligencia.

El Poder del Juicio Propio

Lo que “El Mensaje a García” ignora es que no todas las tareas son iguales ni todas las órdenes deben ser acatadas sin reflexión. Lo que convierte a un individuo en una persona verdaderamente efectiva no es solo su capacidad para seguir instrucciones, sino su juicio para saber cuándo esas instrucciones requieren ser ajustadas o reinterpretadas.

Tomemos el caso de un periodista que recibe la orden de cubrir una historia de corrupción política. Si sigue el mandato sin cuestionar, puede terminar limitándose a lo que el editor ha pedido, sin investigar otras aristas del problema. Pero si toma la iniciativa de indagar más allá de lo evidente, de hacer las preguntas que otros no se atreven a formular, el resultado será una pieza más profunda, que arrojará luz sobre aspectos desconocidos.

La diferencia aquí no es sobre obedecer o no, sino sobre el juicio que uno aplica en cada situación. Saber cuándo actuar sin preguntas y cuándo detenerse a reflexionar es lo que separa a una persona eficiente de una simplemente obediente.

El Contexto Define el Mensaje

Una de las grandes falencias del mensaje de Hubbard es su intento de universalizar una conducta que, en la práctica, está muy condicionada por el contexto. No se puede aplicar el modelo de Rowan de manera indiscriminada. La vida está llena de matices, y muchas veces esos matices determinan si debemos cumplir sin dudar o detenernos a preguntar.

Pensemos en una familia. Un padre podría ordenar a su hijo adolescente que estudie determinada carrera, y el joven, por lealtad o miedo a decepcionar, podría seguir ese mandato sin cuestionar si realmente esa es su vocación. A largo plazo, esa obediencia sin reflexión puede llevar al arrepentimiento, a una vida de insatisfacción profesional. En este caso, lo correcto habría sido detenerse, preguntar, dialogar, y analizar si la orden realmente respondía a lo mejor para su futuro.

La Lección Verdadera

El verdadero aprendizaje que podemos extraer de “El Mensaje a García” no es que siempre debemos actuar sin preguntar, sino que debemos desarrollar la capacidad de discernir cuándo es apropiado hacerlo. La vida no es un campo de batalla donde cada tarea es urgente y cada pregunta un obstáculo. Es un entramado complejo donde a veces actuar sin más es lo peor que podemos hacer.

Así que, si bien la historia de Rowan nos enseña sobre la importancia de la diligencia, también nos invita a reflexionar sobre los peligros de una obediencia ciega. El verdadero desafío no es solo ser alguien que cumple con su deber, sino ser alguien que entiende cuándo hacerlo, cómo hacerlo, y qué preguntas hacer en el camino. Eso es lo que nos convierte en personas verdaderamente responsables.

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